¿Y qué si no
fue una saga completa de nosecuantos tomos? Nos quedamos en el prólogo,
uno muy bonito con letra cursiva a tamaño 10. Quizás en tan pocas
páginas no nos quedó espacio para todas las cosas que no nos dijimos, ni
sabremos como acabó la discusión sobre el color de la tapicería del
sofá, ni podremos seguir contando lunares que vayan apareciendo sobre la
marcha... pero eso no lo hace menos especial. Y bueno, que
sinceramente, ¿a quién coño le gustan los prólogos? nunca te enteras de
que van hasta que no te acabas el libro, pero este puede ser una
excepción. Un prologo que no pertenezca a ninguna historia, que no
continue, que se quedé así, guardado en el recuerdo y con libre
interpretación.

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