jueves, 19 de septiembre de 2013

La fiesta.

Quizas no existe un mañana para nosotros... Pero lo nuestro fue hermoso. 
Siempre me habia criado en grandes ciudades y iba trasladandome de ciudad en ciudad debido al trabajo de mi padre. 

Mi madre siempre habia tenido que aguantar los traslados, perdiendo siempre los pocos amigos que hacia en cada ciudad. Y yo siempre era la nueva de la escuela. 

Esta vez no era en una gran ciudad a donde nos dirijiamos sino al pueblo donde mi padre nacio. Un pequeño pueblo del estado de Maine. 

Mi padre pidio el traslado a la sucursal donde empezo a trabajar, debido a que este año cumpliria mi mayoria de edad, y era una tradicion muy importante para su familia, y segun ellos se produciria un gran cambio en mi. 

Yo no entendia el cambio brusco que daria mi vida. Y ahora que ya lo se, entiendo la importancia de ello.

El camino desde Nueva York era largo, pues todo el recorrido era en coche. A mi padre le gustaba conducir de noche, por lo que me pase todo el trayecto durmiendo. No vi el paisaje, pero por lo que contaba mi padre era muy bonito. Mi madre nunca habia esta alli, por que ella tampoco lo conocia. Eramos dos desconocidas en un pequeño pueblo. 

Cuando llegamos estaba amaneciendo. Habian sido X horas de conducción y mi padre estaba cansado. La casa en la que ibamos a vivir era una vivienda unifamiliar remodelada que habia pertenecido a los tatarabuelos de mi padre y que por herencia ahora le pertenecia a el, aunque mis bisabuelos y abuelos aun vivian. Parecia extraño pero era asi. 
Salimos del coche, y las primeras palabras de mi padre despues del largo viaje eran:

- ¡Oh, bienvenidas a mi hogar!- dijo mirandonos. Mi madre y yo nos miramos y nos empezamos a reir, primero nosotras y luego se nos unió mi padre.

Cogimos unas pocas cosas del coche y entramos a la casa. La casa era espaciosa. Tenia una entrada con escaleras de caracol que daban a la parte de arriba, donde se encontraban las habitaciones. A los lados de la entrada había unas grandes puertas con los marcos de madera natural hecha a mano, que daban paso cada una a dos habitaciones contiguas las cuales eran un espacioso comedor y un inmenso salón, todo ello amueblado con trastos antiguos. Serian de mis bisabuelos sin ninguna duda, que poco gusto tenían en esa época. En la parte trasera de la casa se encontraba una cocina con muebles modernos lo cual me resultaba un poco extraño viendo las habitaciones anteriores. No le faltaba de nada a esa cocina. Mi madre quedo alucinada.

- ¿Enserio esta es nuestra casa? Si la parte de abajo ya es mas grande que nuestra antigua casa.

Mi padre y yo reímos a carcajada limpia. Vimos la cara de mi madre y tenia los ojos como platos.
- Esta casa antes eran dos. Pertenecía a mi familia, y una parte era de un hermano y otro del otro, pero a la muerte de uno de los hermanos sin descendencia ni familia, la otra parte entro a formar parte de la casa del hermano superviviente. Por lo que derribo los tabiques del interior y la rehizo a su gusto. Y después paso hasta mi, pues  normalmente aunque nacieran varios herederos, solo uno volvía al pueblo y los demás se desentendían de todo lo relacionado con la familia.

Todo lo que contaba era muy interesante, pero siempre acababas aburriéndote y el yéndose por las ramas. Así que desconecte el chip y me fui a seguir investigando la casa, dejando a mi madre con la historia de la casa. 
Subí las escaleras, y me encontré en una estancia con varias puertas...